Artículo de Opinión

Itxu Díaz: Las lágrimas de un dictador

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Cuando vi las lágrimas de Kim Jong Un el pasado fin de semana, lo primero que pensé es que por fin alguien le había metido el dedo en el ojo.

Más tarde sopesé la posibilidad de que le hubiera entrado una arenilla traicionera y enemiga de la revolución. Finalmente comprendí que tan solo le había entrado la propia revolución hasta el fondo de la córnea.

Todo en Corea del Norte es circo, es cine y es impostura. Todo menos la miseria, el dolor y la muerte.

Hay una larga lista de dictadores comunistas tan feroces como llorones.

Hugo Chávez era bastante llorón, aunque en público solo frecuentó las lágrimas hacia el final de sus días, cuando ya estaba muy enfermo de cáncer; de odio lo estuvo siempre.

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Fidel Castro se pasó los últimos trescientos años de su vida llorando casi por cualquier cosa, o al menos eso decía la prensa revolucionaria, que pretendía cambiar la imagen del carnicero cubano por un entrañable e indefenso abuelito incapaz de contener las lágrimas pero demasiado capaz de atizar a los cubanos discursos de hasta siete horas, que a los pobres cubanos ya les daba igual que los encarcelase o las matase de hambre, con tal de que cerrara la maldita boca durante un rato.

Uno de los líderes más llorones de la Historia es Nicolás Maduro, quizá porque es la única manera que sus torpes asesores han encontrado para que su corazón no parezca un trozo de médula de pino, pero un trozo de médula de pino previamente carbonizado por las llamas del Averno.

La nota característica de Maduro es su capacidad para llorar por tonterías, como cada uno de los aniversarios de la muerte de Chávez, pero tampoco puedes esperar otra cosa de un tipo que dice que el fallecido dictador venezolano se le aparece a menudo en casa en forma de pajarito para darle consejos. Que ya la oposición no sabe si seguir luchando en las calles o regalarle un buen gato.

En teoría, las lágrimas servirían para mostrar el rostro más humano de los líderes comunistas, en el supuesto caso de que los dictadores revolucionarios tuvieran ese rostro escondido en algún lugar.

¿Crees que las lágrimas sirven para mostrar el rostro más humano de los líderes comunistas?

Aunque esa actitud endeble y santurrona a la que aspiran los totalitarios longevos cuando creen que ya llevan demasiados años machacando a su gente, contrasta con el espíritu varonil de sus revoluciones.

Un cartel de la Rusia soviética rezaba hace un siglo: “Vergüenza a los llorones, flojos y sin fe”. Eso es todo lo que necesitas saber sobre la empatía del comunismo con los que sufren.

El contexto elegido por Kim Jong Un para sus pucheros de este fin de semana fue el 75 aniversario de la llegada al poder del Partido de los Trabajadores de Corea del Norte. Aunque “llegada al poder” es el eufemismo que utiliza la prensa occidental para no tener que explicar que las miserias y violencias que sufren los norcoreanos desde el siglo pasado fueron impuestas por los comunistas rusos, incluyendo el primer líder del politburó coreano, un agente soviético infiltrado llamado Kim Yong-bom, aunque es difícil saber si se trata de un nombre de líder comunista o del ruido que hace una pelota al caer sobre un tejado de hojalata.

Asegura Kim Jong Un que está triste por la pandemia, porque la gente había “depositado la confianza” en él, como si los coreanos pudieran hacer otra cosa, o como si alguien les hubiera invitado alguna vez a elegir por sí mismos.

Supongo que la retórica comunista siempre termina siendo como el discurso de un loco que se cree un portaaviones nuclear y que ha estado sin medicar durante los últimos cien años.

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Dice también el único líder mundial que se corta el pelo con una Black & Decker, que sus “esfuerzos y sinceridad” no han sido suficientes para liberar a las personas de las “dificultades de la vida”.

Si Kim me permite un consejo, yo creo que una buena forma de liberar a los coreanos de las dificultades de la vida sería dejar de matarlos, pero tampoco quiero juzgar con ojos occidentales los asuntos que me son ajenos, que es como dicen ahora los analistas de la prensa de izquierdas cuando alguien les pide que se posicionen sobre Venezuela, sobre Cuba o sobre cualquier otro lugar del mundo asfixiado y empobrecido por esa fórmula maestra de la miseria que constituyen el socialismo y el comunismo.

Con todo, mientras Kim Jong Un lloriqueaba en horario de máxima audiencia, aprovechaba la ocasión para presentar un nuevo misil intercontinental que han calificado de “monstruoso”, y es que imagino que la mejor manera de consolar a los norcoreanos diezmados por el coronavirus es amenazar con una guerra nuclear, y echarse a rezar para no encontrarse a Trump en la Casa Blanca cuando empiece la broma.

Personalmente, no me agradan las lágrimas de nadie. Pero si me dan elegir entre ver llorar a su pueblo y ver llorar a un dictador comunista, sin duda, celebro su arrebato plañidero y mocoso.

Dios quiera que esas lágrimas de cocodrilo sean, después de todo, esperanza de libertad.

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Itxu Díaz (La Coruña, 1981) es periodista y escritor. En España ha trabajado en prensa, radio y televisión. Inició su andadura periodística fundando la revista Popes80 y la agencia de noticias Dicax Press. Más tarde fue director adjunto de La Gaceta y director de The Objective y Neupic. En Estados Unidos es autor en la legendaria revista conservadora National Review, firma semanalmente una columna satírica en The American Spectator y en Diario Las Américas, y es colaborador habitual de The Daily Beast, The Washington Times, The Federalist, The Daily Caller, o The American Conservative. Licenciado en Sociología, ha sido también asesor del Ministro de Cultura Íñigo Méndez de Vigo, y ha publicado anteriormente nueve libros: desde obras de humor como “Yo maté a un gurú de Internet” o “Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti”, hasta antologías de columnas como “El siglo no ha empezado aún”, la crónica de almas “Dios siempre llama mil veces”, o la historia sentimental del pop español “Nos vimos en los bares”. Su próximo libro es “Todo iba bien”, un breve ensayo sobre la tristeza, la nostalgia y la felicidad, y sale a la venta el 1 de octubre (y preventa el 15 de septiembre).
Birthplace
La Coruña, España
Nationality
español
Books Written
Yo maté a un gurú de Internet, Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti, El siglo no ha empezado aún, Dios siempre llama mil veces, Nos vimos en los bares