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Artículo de Opinión

Itxu Díaz: O Harris o la libertad de América

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Antes, cuando teníamos un problema serio, llamábamos a Estados Unidos.

Hay pocos amigos capaces de poner un misil rápidamente en la puerta de casa de un tirano de un modo tan preciso que comprenda que no puede seguir maltratando a su pueblo, financiando mafias o terrorismos sin consecuencias.

Hoy los malos se esconden mejor en sus pieles de oveja, las guerras ya no están de moda — desde Vietnam, se llevan más los vaqueros de pitillo — y el liderazgo de América sigue siendo necesario para preservar la libertad en otras latitudes.

Pero solo una América fuerte y unida es útil al mundo. Solo una América libre es útil a sí misma.

El 3 de noviembre el país decidirá en qué lado de la Historia quiere estar en este momento decisivo. Una vez más.

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Aún puede llegar un virus peor que el coronavirus.

Lo advirtió hace años Edmund Burke: “El pueblo no renuncia nunca a sus libertades sino bajo el engaño de una ilusión”.

Es así.

El enemigo ya no es el monstruo soviético grisáceo, bélico y burocratizado del siglo XX, aunque los malos siguen siendo totalitarios, violentos y asesinos. Pero han ganado en sutileza, al menos en los comienzos. Que en los finales, como ocurre en Venezuela, los hombres de bien siempre terminan en una cárcel recibiendo descargas en los testículos.

¿Crees que Kamala Harris odia los Estados Unidos y se avergüenza de todo lo que representa?

Como recuerda el cuadro de John Wayne que hace años preside mi escritorio, han pasado los años, ha caído el Muro de Berlín, ha subido San Juan Pablo II al Cielo, pero el comunismo sigue siendo el problema. Y sigue sintiendo la misma fascinación por la tortura que sentían Stalin o Lenin.

La pandemia ha acelerado la crisis en países que ya habían dado muestras de querer arruinarse, entregándose a la trampa socialista.

La izquierda ha azuzado las calles en América y Europa porque necesita pobreza para tener muertos de hambre a los que salvar, haciendo que el Estado sea tan grande que impida ver el sol cada mañana.

Toda esta panda de narcodictadores latinoamericanos no ha inventado nada. Y sin embargo, ya sea con la droga o el petróleo, o con el oro que le roban a sus pueblos, van poco a poco financiando revoluciones, infiltrando su basura ideológica artificialmente en países que están maduros para caer del árbol de la libertad.

El último ha sido Chile, que tras muchos meses viendo sus iglesias en llamas, ha claudicado al mismo engaño de la nueva izquierda, que es el mismo perro de siempre con distinto collar.

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Aunque no pueden admitirlo, el proyecto de Biden-Harris es que Estados Unidos se sume a ese nuevo Eje del Mal que desde hace años promueven Venezuela y Cuba, y que China desea más que la vacuna contra el coronavirus.

Su socialismo ni siquiera es el de aquel Clinton, que tenía suficiente con resolver sus problemas personales como para meter al país en una espiral demasiado tortuosa de impuestos, pobreza y miseria.

No podemos decir lo mismo de Hillary, que está trabajando duro para que los demócratas de hoy se adapten sutilmente al plan que desean por igual tipos tan diferentes como George Soros, Michael Moore y Nicolás Maduro. O acaso no son tan diferentes.

América puede ser otra vez el gran muro de la libertad. Zona libre de socialistas, totalitarios, y de gobernantes cuya máxima aspiración en la vida es salir en chándal a la hora del telediario para golpear a la nación con soflamas revolucionarias del siglo pasado, mientras las economías domésticas se van empobreciendo y el ánimo de los ciudadanos se va tornando a mustio.

En un mundo en quiebra por la crisis sanitaria, Estados Unidos puede sobrevivir, apostando por una economía real, basada en las empresas y las familias, y evitando la tentación populista de los demócratas, más radicalizados que nunca.

El odio a Trump que la izquierda pregona es solo un argumento electoral sin importancia. El mismo que ha utilizado Hillary Clinton hoy: hagamos lo que sea para echar a Trump.

Pero la realidad es muy diferente.

No quieren acabar con el presidente republicano, solo quieren tomar ellos el poder, dividir al país, arruinar a las familias, disparar los impuestos, perseguir a las empresas y beneficiar a las grandes mafias ideológicas de los medios de comunicación y de Silicon Valley.

No es solo sacar a Trump. Es abrir las puertas de par en par al programa socialista de Biden y al sectarismo delirante de Harris, cuyo único propósito es cambiar a la fuerza la forma de pensar de los americanos, romper ideológicamente el país, y debilitar todos los valores típicamente americanos que hicieron grande a esta nación.

No hay más que escucharla. El discurso de Harris es el de alguien que odia los Estados Unidos, que se avergüenza de todo lo que representa, y que desearía poder lavar uno a uno el cerebro a toda la clase media americana que en 2016 no votó lo que ella quería que votasen.

En esa obra eterna que se llama El Quijote, el protagonista parece hablarle al pueblo americano en esta hora decisiva: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.

O Harris o la libertad.

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Itxu Díaz (La Coruña, 1981) es periodista y escritor. En España ha trabajado en prensa, radio y televisión. Inició su andadura periodística fundando la revista Popes80 y la agencia de noticias Dicax Press. Más tarde fue director adjunto de La Gaceta y director de The Objective y Neupic. En Estados Unidos es autor en la legendaria revista conservadora National Review, firma semanalmente una columna satírica en The American Spectator y en Diario Las Américas, y es colaborador habitual de The Daily Beast, The Washington Times, The Federalist, The Daily Caller, o The American Conservative. Licenciado en Sociología, ha sido también asesor del Ministro de Cultura Íñigo Méndez de Vigo, y ha publicado anteriormente nueve libros: desde obras de humor como “Yo maté a un gurú de Internet” o “Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti”, hasta antologías de columnas como “El siglo no ha empezado aún”, la crónica de almas “Dios siempre llama mil veces”, o la historia sentimental del pop español “Nos vimos en los bares”. Su próximo libro es “Todo iba bien”, un breve ensayo sobre la tristeza, la nostalgia y la felicidad, y sale a la venta el 1 de octubre (y preventa el 15 de septiembre).
Birthplace
La Coruña, España
Nationality
español
Books Written
Yo maté a un gurú de Internet, Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti, El siglo no ha empezado aún, Dios siempre llama mil veces, Nos vimos en los bares




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