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Itxu Díaz: Vuelve a comprar a los tuyos

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Hubo un tiempo en que podías sentirte orgulloso al contemplar la rápida expansión de las grandes corporaciones de tu país. Un americano podía celebrar cómo sus compatriotas colonizaban el negocio de los sistemas operativos, del calzado deportivo, o incluso de las bebidas. Hubo un tiempo de nobleza y talento en el primer hervor de la globalización.

Pero ese tiempo ha terminado.

Demasiado dinero hemos dado ya a las multinacionales que trabajan en contra de nuestra cultura y de nuestro modo de vida. Sí, ya sabes, me refiero a esas empresas gigantes que, estando entre las más contaminantes del mundo, dedican enormes sumas de dinero a campañas para que tú dejes de ir en coche a trabajar, o no utilices nada de plástico; que el problema del planeta no es que ellos te fuercen a cambiar de móvil, de coche, y de ordenador, cada año, sino que tú traigas la fruta metida en una maldita bolsa de plástico.

Esa misma obsesión verde, la reproducen ahora en otros ámbitos como la familia, o el modo en que los países deben manejar la quimera multiculturalista. No puedes beber en paz un zumo de frutas si el bote está lleno de consignas repugnantes. Porque además no se trata solo del zumo: de la mañana a la noche, vivimos bajo una invasión publicitaria financiada y sostenida por grandes corporaciones digitales, gigantes de la alimentación, empresas energéticas, fabricantes de muebles, tiendas de ropa, y cualquier otra actividad que implique que tengas que echar mano a tu cartera: no sé en qué momento esta gente ha olvidado que los consumidores no pagamos para que nos sermoneen.

Muchos, incluso estando de acuerdo en todo esto, lo obvian porque les da una pereza infinita actuar, y no saben ni cómo hacerlo. En realidad, es mucho más sencillo y satisfactorio de lo que piensas. No se trata de boicotear a nadie, a pesar de que algunas compañías lo merecen, sino de algo todavía más simple:

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Considera la cantidad de cosas que compras a grandes corporaciones cada día, que también se venden en los pequeños comercios locales. Tal vez te lleves una sorpresa al descubrir que, comprándolas en el carnicero de la esquina, las hamburguesas saben realmente a hamburguesas y no a la gomina del payaso multicolor, o que la ropa adquirida en la pequeña tienda local tiene una resistencia inaudita, que permite que tus camisas puedan legarse de generación en generación, o incluso que el cura de tu parroquia administra bastante mejor y con más nobleza tus donativos que todas las grandes corporaciones de la solidaridad internacional juntas, y además, te ahorra la monserga feminista en sus cartas mensuales, entre otras razones porque no envía tediosas cartas mensuales.

Veamos. No estoy sugiriendo que compres un reactor nuclear en la mercería de tu barrio. Ni siquiera que cambies tu marca de cerveza favorita por una de esas guarradas densas que los hípsters llaman cerveza artesanal de fabricación casera por no llamarlo engrudo para alimentar a las bestias. Hay cambios que siempre serían peor. Pero se trata de reconsiderar, en este tiempo de crisis post pandemia, a quién quieres sostener con muchas de tus compras cotidianas: a las multinacionales que se pasan el día golpeándote con sus locuras woke, o a la pequeña peluquería de barrio, al restaurante de toda la vida, al emprendedor de tu ciudad.

Hay un montón de gente extraordinaria luchando contra los molinos gigantes de las multinacionales. Y es un montón de gente extraordinaria que se preocupa por hacer bien su trabajo, no por lavarte el cerebro con tu propio dinero, y presumir después de que eso es parte de sus valiosas políticas de responsabilidad social corporativa.

Además, apoyar lo nuestro, lo más cercano, lo artesanal, es también hacer justicia. Las tiendas locales estaban ahí antes de que las grandes corporaciones convirtieran cualquier negocio en una fábrica de hamburguesas de plástico.

¿Evitas comprar de las multinacionales?

Haz la prueba, verás. Después de todo, tal vez descubras incluso a qué sabe realmente la carne por primera vez y podrás partirte de risa pensando en los filetes sintéticos de Bill Gates.

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Itxu Díaz (La Coruña, 1981) es periodista y escritor. En España ha trabajado en prensa, radio y televisión. Inició su andadura periodística fundando la revista Popes80 y la agencia de noticias Dicax Press. Más tarde fue director adjunto de La Gaceta y director de The Objective y Neupic. En Estados Unidos es autor en la legendaria revista conservadora National Review, firma semanalmente una columna satírica en The American Spectator y en Diario Las Américas, y es colaborador habitual de The Daily Beast, The Washington Times, The Federalist, The Daily Caller, o The American Conservative. Licenciado en Sociología, ha sido también asesor del Ministro de Cultura Íñigo Méndez de Vigo, y ha publicado anteriormente nueve libros: desde obras de humor como “Yo maté a un gurú de Internet” o “Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti”, hasta antologías de columnas como “El siglo no ha empezado aún”, la crónica de almas “Dios siempre llama mil veces”, o la historia sentimental del pop español “Nos vimos en los bares”. Su próximo libro es “Todo iba bien”, un breve ensayo sobre la tristeza, la nostalgia y la felicidad, y sale a la venta el 1 de octubre (y preventa el 15 de septiembre).
Birthplace
La Coruña, España
Nationality
español
Books Written
Yo maté a un gurú de Internet, Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti, El siglo no ha empezado aún, Dios siempre llama mil veces, Nos vimos en los bares




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