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Itxu Díaz: Una idea muy loca sobre el conflicto árabe-israelí

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He visto a Israel bailando y bebiendo en una animada terraza, mientras a su espalda la cúpula de hierro detenía la lluvia de cohetes del mayor ataque de Hamás de la historia. Me representan. Se parece bastante a mi vida. ¿Qué otra cosa puedes hacer cuando el terrorismo no te deja vivir en paz? ¿Ponerte a llorar? No. Eso alienta a los idiotas. Es más sano bailar y el whisky. No creo que los israelíes hayan hecho la campaña de vacunación más envidiada del mundo para, después de un año de encierro, quedarse en casa gimoteando solo porque a Hamás le conviene reactivar una guerra aburridísima, que siempre termina igual, como un discurso de Joe Biden. Es razonable que las bombas no impidan a los judíos seguir de fiesta.

Por lo demás, no puedes negociar con el fundamentalismo islámico. Es todo lo que tienes que saber del conflicto árabe-israelí. Y, desde luego, no te puedes fiar de ellos. En cualquier momento puede emerger un nuevo líder religioso que cree haber sido concebido desde la noche de los tiempos para destruir Israel. Y allá van todos detrás otra vez. A gastarse en cohetes el pan que le niegan a los suyos, incluido a esos niños palestinos que tanto afligen a la siempre afligida Ilhan Omar, incapaz de alzarse por una vez sobre el sentimentalismo para razonar algo que no salga en ninguna pancarta. Tal vez algún día sea capaz de comprender que lo vomitivo es que Palestina lleve décadas usando a los niños como escudos humanos para proteger sus arsenales. Pero eso requiere un cierto trabajo intelectual y moral, algo más que un eslogan emocional.

Confieso que Ilhan Omar me recuerda a una vieja broma:

Y tú, ¿cómo te ganas la vida?
Apuntándome a todas las minorías.

Volviendo a Gaza. Sí. Es horrible la guerra. El único tipo que he visto celebrarla con entusiasmo es al gran P.J. O’Rourke pero, una vez más, lo entiendo: entonces vivía de contarla. Pero a todos nos repugna que el intercambio de bombas provoque muertos. A veces pienso que deberíamos inventar una guerra que no mate. Más tarde caigo en la cuenta de que ya existe. Se llama Twitter. Y todo lo que consigue es estimular la guerra real.

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Por más que queramos la paz, no cabe más remedio que defenderse cuando el vecino intenta tirar abajo tu casa. La alternativa es un mundo sin ley, o sea, sin libertad. Para que los demócratas lo entiendan: la alternativa es Black Lives Matter destrozando las calles de Manhattan. Una parte de la izquierda insinúa que Israel debería aceptar de buena gana los cohetes de Gaza sin responder, como si fueran ramos de flores. La pregunta es inevitable: ¿qué hace que un judío en Tel Aviv tenga menos derecho a vivir en paz que Ilhan Omar en Minneapolis? No esperen respuesta.

Aunque he dicho antes que algunos israelíes recibieron las bombas sin interrumpir su noche de juerga, también lo es que muchos más han pasado la madrugada en bunkers, como si llevaran poco confinamiento este año. Los videos muestran que los terroristas palestinos siguen usando la más ruin de sus tácticas: situar sus arsenales y lanzaderas en edificios residenciales. Lo hacen porque saben que Occidente está lleno de idiotas que están deseando pedirle a Israel que no se defienda, y el argumento sentimental es irrebatible en la opinión pública contemporánea.

Pero después de todo, si lanzas en un día más de cien misiles desde Gaza a Tel Aviv y el aeropuerto Ben Gurion, asumes que te los van a devolver; si no lo crees, prueba a hacerlo en París, Londres, Nueva York, o Rabat y verás cuánto tardas, tú y los tuyos, en regresar a la casilla de salida y sin recoger el premio de las 72 huríes del paraíso.

En mi humildísima opinión, hay un modo extraordinario de evitar las bajas civiles. Lo he discurrido yo solito. Es muy novedoso y muy loco y se me acaba de ocurrir así, en una epifanía inspiradora: ¿y qué tal si pruebas a no bombardear a tus vecinos?

¿Está justificado Israel defenderse de Hamás?

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Itxu Díaz (La Coruña, 1981) es periodista y escritor. En España ha trabajado en prensa, radio y televisión. Inició su andadura periodística fundando la revista Popes80 y la agencia de noticias Dicax Press. Más tarde fue director adjunto de La Gaceta y director de The Objective y Neupic. En Estados Unidos es autor en la legendaria revista conservadora National Review, firma semanalmente una columna satírica en The American Spectator y en Diario Las Américas, y es colaborador habitual de The Daily Beast, The Washington Times, The Federalist, The Daily Caller, o The American Conservative. Licenciado en Sociología, ha sido también asesor del Ministro de Cultura Íñigo Méndez de Vigo, y ha publicado anteriormente nueve libros: desde obras de humor como “Yo maté a un gurú de Internet” o “Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti”, hasta antologías de columnas como “El siglo no ha empezado aún”, la crónica de almas “Dios siempre llama mil veces”, o la historia sentimental del pop español “Nos vimos en los bares”. Su próximo libro es “Todo iba bien”, un breve ensayo sobre la tristeza, la nostalgia y la felicidad, y sale a la venta el 1 de octubre (y preventa el 15 de septiembre).
Birthplace
La Coruña, España
Nationality
español
Books Written
Yo maté a un gurú de Internet, Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti, El siglo no ha empezado aún, Dios siempre llama mil veces, Nos vimos en los bares




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