Artículo de Opinión

Itxu Díaz: El milagro de la cerveza interminable

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El cristianismo es la religión de la juerga. A la muerte de Cristo no le sigue un largo periodo de duelo, sino la Resurrección. Sabemos que, de los primeros cristianos, lo que asombraba a todo el mundo era su alegría. Los romanos los miraban confusos, intentado adivinar la clave en la serenidad de sus rostros, y preguntándose por el secreto de su felicidad: “¿qué demonios les pasa a estos?”.

A través de los siglos, el cristianismo ha sido la luz de un mundo en tinieblas, abatido, barbarizado, desesperanzado, y aburrido.

Hoy que el mundo celebra con grandes jarras de cerveza la festividad de San Patricio, no está de más recordar que lo típicamente cristiano no es la tristeza sino la alegría; no es el luto sino el baile; no es el llanto sino la risa.

La riquísima herencia cristiana está repleta de milagros asombrosos. Incluso aunque su procedencia sea difusa, uno de mis preferidos tuvo lugar en el siglo V en Francia. A su muerte, san Arnulfo, que había sido obispo de Metz, fue enterrado en Remiremont. Pero sus antiguos fieles lo exhumaron y trasladaron en procesión hasta su basílica.

En el camino, bajo un horrible calor, se detuvieron a tomar una cerveza en Champigneulles, pero en la posada apenas quedaba para una jarra, que no alcanzaría para todos. Según el relato, uno de sus feligreses exclamó: “La poderosa intercesión del beato Arnulfo nos proveerá lo que falte”. Y se produjo el milagro de la cerveza interminable: todo el mundo pudo beber de la misma jarra hasta saciarse.

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Tal vez el obispo de Metz fuera amigo del monje alemán anónimo al que se le atribuye esta divertida oración etílica: “La cerveza te hace dormir tranquilo. Dormir tranquilo te hace no pecar. No pecar te lleva al cielo. Amén”. Sea como sea, no parece casualidad que nuestro Rituale Romanum incluya una bendición oficial para la cerveza. Y por supuesto, no es necesario que explique el lugar tan especial que Dios concedió al vino en la historia de la salvación.

Es cierto que los cristianos deducimos que la vida no sería un camino de rosas tan pronto como descubrimos que crucificaban o degollaban a nuestros primeros líderes. Pero la grandeza es que, teniendo a menudo todas las condiciones para ello, los buenos cristianos nunca se han entregado al desaliento.

Cuando San Patricio llegó a Magslecht, donde los paganos irlandeses mataban niños para ofrecérselos al dios Cromm Cruaich a cambio de buenas cosechas, cogió una maza y destrozó aquel satánico altar. Aunque entonces los bárbaros dejaron atrás sus horribles costumbres, nuestro mundo es testigo de un resurgir del peor paganismo. Ya no ejecutan a los niños unos tipos vestidos con plumajes extraños y con la cara pintada, sino que la maquinaria del sacrificio humano se perpetúa en clínicas abortistas, pero ni siquiera toda esa cosmética que trata de ocultar lo que allí realmente ocurre puede disimular que Cromm Cruaich sigue vigente en Occidente.

Quizá por todo eso hay que celebrar hoy más que nunca San Patricio. Sin duda, el río de sangre que brota de los nuevos altares paganos puede minar nuestra esperanza, pero la desesperanza solo es una tentación anticristiana. Nuestra religión es tan divina que incluye un mandamiento destinado a recordarnos que debemos santificar las fiestas. Y no admite excepciones. Es un mandato que nos obliga a la fiesta. A rezar, por supuesto, en las solemnidades, pero también a alzar nuestras copas, a beber con cierta imprudencia, a sonreír en paz, y amar a todos aquellos con los que brindamos, aunque en ocasiones los amemos solo porque hemos brindado un poco de más.

San Patricio es, en fin, buen día para dar gracias a Dios por la cerveza, por los amigos que encontramos en los bares, y por las chicas guapas que alegran las calles cada primavera.

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Itxu Díaz (La Coruña, 1981) es periodista y escritor. En España ha trabajado en prensa, radio y televisión. Inició su andadura periodística fundando la revista Popes80 y la agencia de noticias Dicax Press. Más tarde fue director adjunto de La Gaceta y director de The Objective y Neupic. En Estados Unidos es autor en la legendaria revista conservadora National Review, firma semanalmente una columna satírica en The American Spectator y en Diario Las Américas, y es colaborador habitual de The Daily Beast, The Washington Times, The Federalist, The Daily Caller, o The American Conservative. Licenciado en Sociología, ha sido también asesor del Ministro de Cultura Íñigo Méndez de Vigo, y ha publicado anteriormente nueve libros: desde obras de humor como “Yo maté a un gurú de Internet” o “Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti”, hasta antologías de columnas como “El siglo no ha empezado aún”, la crónica de almas “Dios siempre llama mil veces”, o la historia sentimental del pop español “Nos vimos en los bares”. Su próximo libro es “Todo iba bien”, un breve ensayo sobre la tristeza, la nostalgia y la felicidad, y sale a la venta el 1 de octubre (y preventa el 15 de septiembre).
Birthplace
La Coruña, España
Nationality
español
Books Written
Yo maté a un gurú de Internet, Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti, El siglo no ha empezado aún, Dios siempre llama mil veces, Nos vimos en los bares