Artículo de Opinión

Itxu Díaz: A propósito de Tucker Carlson

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Tucker Carlson es un gran tipo. A menudo es posible definir a tus amigos viendo quiénes son sus enemigos. Valentía y elocuencia. Patriotismo. Libertad. Sentido del humor. Reúne todas las cosas a las que aspiro, y sería estúpido ocultarlo. Sin embargo, hace algunos días cometió un error.

A muchos les parecerá un asunto sin importancia. Pero no a mí. Estoy convencido de que verse de pronto jaleado, por una vez, por la izquierda radical, el indigenismo revolucionario, el antiamericanismo, y el antiespañolismo, le habrá hecho sospechar que sus palabras sobre la deuda de España con América Latina fueron un paso en falso, una concesión a la leyenda negra, en detrimento de la verdad. Rectificar es de sabios. Y no me queda la menor duda de que lo hará.

Tratando legítimamente de defender a su país de quienes culpan a Estados Unidos de la situación migratoria de América Latina, Carlson señaló que sus problemas “fueron causados … por otras potencias coloniales hace siglos”, en particular por España, a quien acusó de haber saqueado el sur del continente.

Estados Unidos no tiene la culpa de lo que ocurre en América Latina. Tampoco la tiene España. Que durante años América del Norte haya levantado un imperio de libertad mientras Latinoamérica escarceaba con revoluciones marxistas es, con seguridad, la principal razón por la que tanta gente desea trasladarse a un país de oportunidades y huir de la pobreza y la tiranía; pero esa es otra historia y es, en todo caso, una historia de méritos, no de culpables.

Es buen momento para desterrar la leyenda negra antiespañola, durante siglos promocionada por los ingleses y holandeses, y actualmente promovida con entusiasmo por la extrema izquierda española y latinoamericana. Ya saben: que España hizo un genocidio en América, y que saqueó y esclavizó a los indios.

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Podría haber sido así. Pero los Reyes Católicos lo impidieron, no por bonhomía, sino sencillamente porque tenían un deber de conciencia. La conquista estuvo ante todo gobernada por la idea de evangelizar el Nuevo Mundo. El propio testamento de la Reina Isabel lo recoge así: “al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las islas y tierra firme del mar Océano (…) nuestra principal intención fue (…) procurar introducir y traer a los pueblos de ellas y convertirlos a nuestra Santa fe católica”.

Por supuesto, esto no impidió todos los abusos, aún más inaceptables para los ojos de un observador del siglo XXI, pero en lo esencial, el mandato regio fue claro: “pongan mucha diligencia, y no consientan ni den lugar a que los indios vecinos y moradores en las dichas Indias (…) reciban agravio alguno en sus personas y bienes; más mando que sean justamente tratados. Y, si algún agravio han recibido, lo remedien”.

Los Reyes ordenaron matrimonios mestizos, algo que por cierto solo hizo España, levantaron universidades, exportaron la mejor arquitectura y el arte, crearon instituciones de control de los propios conquistadores para atajar los posibles abusos, e instruyeron a los indios. En definitiva, los españoles no vieron aquel lugar como un territorio ajeno que saquear, porque lo consideraron un territorio propio. Más aún a partir de la Controversia de Valladolid, cuando en 1550 Carlos I reunió a sabios, juristas y teólogos, para dictaminar si España estaba obrando bien en América, alumbrando el hito del primer reconocimiento de los derechos humanos de una empresa colonizadora. Supongo que España habrá cometido numerosos errores en la Historia. Pero éste no fue uno de ellos.

Si es verdad que la búsqueda de El Dorado propició la expansión de la civilización cristiana en América, también es justo reconocer que la ciudad de oro era solo una leyenda. Las cifras que hoy conocemos sobre la extracción de oro de los españoles en América son ridículas en comparación con las que se producen en la era contemporánea. Nos llevamos, eso sí, toneladas de semillas y especias. No quiero ni pensar lo que sería hoy nuestra gastronomía sin patatas, tomates y pimientos; probablemente mi vida no tendría sentido.

¿Crees que Carlson va a rectificar su error?

Por otra parte, desde la gesta de Bernardo de Gálvez, crucial para la independencia americana, no existe posibilidad alguna de enfrentar a España y a Estados Unidos, pues representan hoy los mismos valores occidentales que, tan bien como supimos hacerlo entre aciertos y errores, los españoles tuvimos el honor de custodiar a través de los siglos, defendiéndolos de los más insidiosos enemigos, incluidos los propios y ajenos, entre los que no se encuentra Carlson.

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Itxu Díaz (La Coruña, 1981) es periodista y escritor. En España ha trabajado en prensa, radio y televisión. Inició su andadura periodística fundando la revista Popes80 y la agencia de noticias Dicax Press. Más tarde fue director adjunto de La Gaceta y director de The Objective y Neupic. En Estados Unidos es autor en la legendaria revista conservadora National Review, firma semanalmente una columna satírica en The American Spectator y en Diario Las Américas, y es colaborador habitual de The Daily Beast, The Washington Times, The Federalist, The Daily Caller, o The American Conservative. Licenciado en Sociología, ha sido también asesor del Ministro de Cultura Íñigo Méndez de Vigo, y ha publicado anteriormente nueve libros: desde obras de humor como “Yo maté a un gurú de Internet” o “Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti”, hasta antologías de columnas como “El siglo no ha empezado aún”, la crónica de almas “Dios siempre llama mil veces”, o la historia sentimental del pop español “Nos vimos en los bares”. Su próximo libro es “Todo iba bien”, un breve ensayo sobre la tristeza, la nostalgia y la felicidad, y sale a la venta el 1 de octubre (y preventa el 15 de septiembre).
Birthplace
La Coruña, España
Nationality
español
Books Written
Yo maté a un gurú de Internet, Aprende a cocinar lo suficientemente mal como para que otro lo haga por ti, El siglo no ha empezado aún, Dios siempre llama mil veces, Nos vimos en los bares